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Ana García Piñán: «En una entrevista solo importan las respuestas»

El rigor en el periodismo es una característica que junto con la brevedad y la precisión han sido esenciales para su práctica. En la actualidad, se visualiza una actividad más resolutiva, pero más concisa todavía.

La entrevista es, seguramente, el más importante de los géneros periodísticos, ya que constituye el principal apoyo para una comunicación fluida entre los ciudadanos y la sociedad, con la que se logra el intercambio de ideas, conceptos y experiencias, en interés de poder entregar el mensaje que ha sido interpretado por el periodista y dado a conocer a la opinión pública.

Ana García Piñán es una de nuestras entrevistadoras más destacadas y compagina su profesión con dos de sus grandes aficiones: el cine y la literatura.

La periodista Ana García Piñán en Lisboa, durante la realización de un reportaje sobre la ciudad
A simple vista, una entrevista parece una sencilla dinámica de preguntas y respuestas entre dos personas. Así la han definido multitud de expertos en el sector de la comunicación en multitud de ocasiones. Pero es mucho más que la conversación que un periodista y/o entrevistador mantiene con el entrevistado: es un diálogo, un profundo vínculo personal, una forma de aproximarse a alguien (abordando su vida y obra) y de sacar una historia interesante que atraiga y aconseje a otras personas. Hay entrevistas buenas o malas, reales o ficticias, verdaderas o falsas, auténticas o inexactas, verosímiles o imposibles, importantes o anodinas. Pero las que pasan a los anales del periodismo son aquellas en las que los entrevistadores, con talento, ingenio y emoción, les sacan el máximo jugo a sus entrevistados. 
 
Por lo general, las entrevistas son el único espacio de entrada que tenemos para colarnos dentro de la mente y el corazón de las personalidades más atrayentes del mundo. De no ser por este formato, nunca hubiéramos conocido la personalidad de muchos personajes a los que admiramos profundamente: escritores, cineastas, científicos, deportistas, matemáticos, compositores, artistas… Un género que ya estaba establecido en las páginas de El Quijote, de Miguel de Cervantes, o El buscón, de Francisco de Quevedo, como un estilo de escritura que revela las viejas confidencias de la realidad en los días pasados.
 
El periodista Christopher Silvester (autor de Las grandes entrevistas de la historia) opina que la primera entrevista periodística fue publicada en el New York Tribune el 20 de agosto de 1859 y que su autor fue Horace Greeley, que retrató a Brigham Young, líder de los mormones. Aunque muchos periodistas ponen en duda este dato, ya que hay periódicos españoles, italianos, franceses y griegos que tal vez no han sido analizados por este profesional, que se publicaron a lo largo del siglo XVII y que probablemente incluyeran alguna pieza parecida a lo que entendemos hoy por entrevista.
 
Un buen entrevistador es fundamental para elaborar una magnífica entrevista, incluso puede llegar a ser más importante que el propio entrevistado en ciertas ocasiones. Las preguntas apropiadas pueden conseguir que el más retraído se convierta en la persona más extrovertida del planeta, o arrancarle una lágrima a la personalidad más dura de pelar. El entrevistador tiene que ser capaz de remover y profundizar en todo lo que sus protagonistas pretenden esconder. Adentrarse en sus personalidades les va a servir para entender un poco mejor el mundillo por el que se mueven. 
Nuestra invitada en Londres, en plena entrevista con el Rolling Stone, Ron Wood
Pero la entrevista no ha sido siempre un género periodístico apreciado por la sociedad. En sus inicios, muchas personas consideraban este formato como algo ruin, indigno e infame. Hasta que algunas de estas entrevistas empezaron a dejar huella en los ilustres renglones de esta profesión, como la que David Frost le hizo a Richard Nixon, de veintiocho horas de duración. Periodistas de todos los rincones del globo terráqueo han luchado incansablemente durante muchas décadas para dignificar este noble arte de exponer de manera voluntaria a una persona a una serie de preguntas. Hasta que, a fuerza de insistir, persistir y resistir, lo han conseguido. 
 
Una de nuestras mejores entrevistadoras es Ana García Piñán (El PaísVogueTelva, Descubrir el ArteLa Aventura de la Historia),  una experta periodista licenciada en Psicología que cuenta con una amplia experiencia en prensa nacional, tanto en papel como en formato digital. Esta reconocida maestra en la realización de reportajes y entrevistas, especialmente en las áreas de Cultura y Sociedad, está considerada por todos sus compañeros de profesión como «una persona muy creativa, dinámica y con gran capacidad de trabajo». Su compromiso profesional con la labor que desempeña alcanza cotas heroicas tan altas, que deja patente en cada uno de sus trabajos el eterno amor que siente por su profesión. 
 
Ana, que ha realizado todo tipo de entrevistas habidas y por haber, compagina su trabajo como comunicadora con sus otras dos ilustres aficiones: el cine y la literatura. En unos momentos en los que la inmediatez es el mayor peligro para la calidad de los contenidos que solemos publicar en nuestros perfiles sociales, esta descollante y versada periodista nos regala muchos de los mejores hilos cinematográficos (henchidos de reflexiones y un planteamiento de textos más pausado y meditado) que nos podemos encontrar en Twitter. La frescura y espontaneidad con la que elabora sus tuits, mezcladas con altas dosis de contenido de valor y calidad, hacen que todos los días esperemos sus publicaciones en este microblogging como agua de mayo. 
 
En ViveOnline nos complace enormemente entrevistar a una profesional del periodismo a la que tanto admiramos, cuyos artículos y entrevistas nos han influido enormemente a la hora de realizar nuestro humilde trabajo. 
Gran aficionada al cine, Ana en el Paseo de la Fama de Los Ángeles

Pregunta. Eres licenciada en Psicología (Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca), has estudiado Periodismo en la Universidad Autónoma de Madrid y te defines en tus perfiles sociales como «psicóloga, periodista y cinéfila voraz». ¿Qué te llevó a estudiar la carrera de Psicología antes que la de Periodismo?

 
R. Siempre me he debatido entre la necesidad de ayudar y de escribir. Pero primero fue escribir. Estudié Psicología porque tuve un magnífico profesor, curiosamente, de Literatura, que nos hablaba de Freud en clase. Yo era una cría y me sentí fascinada por la idea de conocer la mente humana, nada menos. Pero cuando empecé a ejercer como psicóloga, sufría mucho (trabajaba con niños) y, por otra parte, me sentía un poco limitada en León: necesitaba conocer mundo, por decirlo de una forma divertida. Entonces, un amigo me habló de un máster de Periodismo al que podías acceder desde cualquier licenciatura, y ahí se produjo la fusión de vocaciones… Y hasta hoy.
 
P. Estás considerada una experta periodista con una amplia experiencia en prensa nacional, tanto en puestos de redacción como en corrección y edición de textos (papel y web), especialista en la realización de reportajes y entrevistas, especialmente en las áreas de Cultura y Sociedad, además de una persona muy imaginativa, resolutiva y con un gran talento. ¿Cómo surgió tu interés por el periodismo?
 
R. El periodista es aprendiz de todo, maestro de nada. Así que lo de experta me suena raro, más bien senior, por decir algo. Sencillamente, me gustaba, me gusta escribir. Me gusta mucho leer y eso incluía periódicos: en mi casa se leía mucho el periódico. Digamos que la psicología me asomaba al interior y el periodismo al exterior. Soy muy curiosa.
 
P. ¿Cuándo comenzó tu andadura profesional en el mundo del periodismo?
 
R. Leyendo el periódico en León: recuerdo que había una sección abierta a los lectores, que podían escribir un artículo sobre lo que quisieran, y yo envié uno sobre los libros que más me habían marcado. Para mi sorpresa, me lo publicaron. Me hizo mucha ilusión.
 
P. ¿Nos puedes decir cuáles fueron tus primeros trabajos dentro de esta profesión?
 
R. La primera vez que entrevisté a una persona en mi vida fue a Luis Antonio de Villena, que es maravilloso, así que tuve suerte. Tanto el fotógrafo como yo éramos principiantes y recuerdo que hubo que repetir las fotos. A mí me parecía una tragedia tener que llamar de nuevo a Villena, molestarle otra vez, pero no puso ni una pega, es una persona encantadora. Enseguida entendí que al personaje también le interesa la entrevista, no es un favor que te hace. También escribí sobre el Hollywood que pasó por Chicote y sobre Freud nieto, el gran pintor… Ya iba a tiro fijo sobre lo que quería escribir.
 
P. ¿Cómo definirías tu carrera profesional como periodista hasta el momento?
 
R. He viajado muchísimo, he entrevistado a cientos de personajes del mundo de la cultura, hasta al amor de mi vida lo encontré en una redacción. Qué más puedo pedir.
 
P. ¿Cuáles son tus grandes referencias en el mundo del periodismo?
 
R. Como lectora, admiraba las grandes firmas de El País. Pero a la hora de trabajar, eres tú quien preguntas, tienes que sacarte las castañas, encontrar tu propio estilo, tu propia voz. Soy una persona muy individualista.
La periodista con el pintor español Cristóbal Toral, en su estudio de Madrid
P. ¿De cuáles de los artículos que has escrito hasta el momento estás más orgullosa?
 
R. Disfruto mucho las entrevistas «reportajeadas», que llamamos los periodistas. Aquellas en las que, en lugar de pregunta-respuesta, construyes un relato sobre la vida del personaje, abriendo comillas a lo que dice él. En ese formato, contextualizas las respuestas del entrevistado en su propia vida y puedes expresarte literariamente un poco más. Da más trabajo, pero ofrece una información más completa del personaje, y es más satisfactorio. Me gusta utilizarla con los personajes de cierta envergadura y trayectoria: escritores, artistas. Antonio López es un ejemplo. También disfruto mucho los reportajes sobre historia del cine, particularmente desde el punto de vista de la mujer. Cómo ha tratado el Hollywood clásico la sexualidad femenina, es un ejemplo.
 
P. A pesar de ser una articulista fabulosa, tu faceta como entrevistadora es la más conocida por el gran público. ¿De cuáles de tus entrevistas te sientes más satisfecha?
 
R. No soy una articulista fabulosa, ni soy conocida por el gran público, ni falta que hace, creo yo. El periodista es un mero transmisor entre la noticia o el personaje y el receptor o, si quieres, la sociedad. Y yo soy una periodista que hace su trabajo lo mejor que sabe (y puede), nada más. 
 
Personalmente, detesto a los predicadores mediáticos, a los gurús del periodismo: me parece ego puro y duro, inflamación de la función, gusto por el poder, y un peligro si se saltan la delgada línea roja entre información y opinión, que debe ser diáfana. 
 
En cuanto a mis entrevistas, suelo sentirme satisfecha con lo que hago: soy libre de preguntar y creo que he aprendido a sacar partido a los personajes, a que se sientan cómodos y, en consecuencia, hablen.
 
P. ¿Cuál ha sido la entrevista más incómoda de todas las que has realizado?
 
R. Alguna ha habido, pero es muy excepcional, creo que me ha pasado una vez en más 20 años de entrevistas, con una actriz española. Su desconfianza y vanidad no le permitieron bajar al ruedo. O yo no supe hacerla bajar. Y sin toro, no se puede torear. También hay algún personaje que se desdice más tarde de lo que dijo: afortunadamente, está todo grabado. Pero lo habitual, por lo menos en mi caso, es que solo haya una tensión inicial: hay que ganarse al personaje para que cuente, a veces no hay tiempo, hay que hacer las fotos… Pero nada más.
 
P. ¿Qué pregunta te gustaría que te hiciéramos en esta entrevista y qué nos contestarías?
 
R. Pues no sé, esta vez no pregunto yo. Pero mi experiencia como testigo del poder es mala. Sobre todo, y salvo honrosas excepciones, en el caso de las mujeres. Y de mujeres mandando a mujeres. Tenemos que aprender a mandar bien porque es una forma de ser justos. La injusticia desmoraliza a los equipos y, personalmente, a mí la maldad me deprime.
 
Un instante de la entrevista con José María Cano, ex miembro del grupo Mecano, ahora reconvertido en artista plástico, en su estudio de Berlín
P. ¿A quién te gustaría entrevistar? ¿Qué preguntas le harías?
 
R. Bueno, no me hubiera importado entrevistar a Marlon Brando o a Mastroianni… Por suerte, en este último caso, hablé con su hija Chiara y no paramos de recordar a sus padres. Me interesan muchos personajes que ya no viven, pero, por suerte, hay muchas entrevistas y biografías sobre ellos esperándome para ser leídas.
 
P. ¿A qué personaje histórico te hubiera gustado entrevistar y por qué?
 
R. A Cervantes, por ejemplo, talento máximo. A Velázquez, a Rembrandt… Imagínate.
 
P. ¿Cuál es tu principal objetivo durante una entrevista: ¿hacer las mejores preguntas o conseguir las mejores respuestas?
 
R. Lo único que importa son las respuestas. Las preguntas se reformulan sobre la marcha, al transcribir la entrevista, al editarla… Y eso, si no interviene un tercero, que es lo más duro de esta profesión. Terminar un trabajo y que alguien, con mayor o menor criterio, intencionalidad o formación, pueda meterle mano. Eso es insoportable: hay que respetar literalmente lo que dice el personaje, incluso lo que dice el periodista, que para eso estuvo allí, es su texto, lo firma y se hace responsable de él.
 
P. ¿Los ciudadanos tienen derecho a saber y el periodista la obligación de informar sin importar a quién afecta la información?
 
R. Este tipo de preguntas que yo llamo de «Todos los hombres del presidente» me desbordan un poco. El ciudadano tiene derecho a saber y también a preservar su intimidad. El periodista tiene derecho a informar, pero ha de contrastar su información al extremo: puede destruir vidas. Aquí, habla la deontología y la ley.
 
P. ¿Qué pasos sigues a la hora de realizar una entrevista?
 
R. Cada maestrillo, ya sabes… Para mí, lo fundamental es documentarse muy bien antes de hacerla. Prácticamente tienes que llegar a la entrevista sabiéndote las respuestas: si el personaje ve que sabes de lo que hablas y que conoces su trabajo, te ganas inmediatamente su respeto y se entrega más fácilmente a la conversación. Pero la entrevista no tiene que ser favorable al personaje ni tampoco agresiva, contraria a él, porque se cerraría en banda. La entrevista debe buscar la verdad.
«La vida de oficina no es para mí»
P. ¿Cómo se consigue una entrevista de éxito?
 
R. No tengo ni idea. Si éxito es que el personaje te cuente todo lo relevante, pues ya te digo: ir informado y con respeto, pero dirigiendo hacia dónde quieres que vaya.
 
P. ¿Nos puedes contar algunas de las anécdotas más llamativas que te hayan ocurrido durante la realización de algunas de tus entrevistas?
 
R. Bueno, ahí pasan millones de cosas, en tantos años… Imagínate. Recuerdo cuando entrevisté a Lenny Kravitz en Miami, por ejemplo. Entró un periodista antes que yo y al minuto salió pálido: el señor Kravitz se enfadó con la primera pregunta y adiós. Así que entré acongojada y resultó ser una de las entrevistas más divertidas de toda mi vida. O con Paul Auster en San Sebastián -un hombre encantador, impresionante-, que no sabíamos dónde hacerle la foto: la habitación del hotel era feísima, no había tiempo y le metimos en la bañera, con su precioso mármol negro veteado en oro de fondo, quedó genial. Con Marisa Berenson es el ideal: ella y yo solas en su apartamento de Nueva York. Hablando de su trabajo con Visconti, con Kubrick, con Fosse… Sin fotos, sin estilismo. Luego la revista compra las fotos a una agencia y se acabó. Hace falta una cierta intimidad para que el entrevistado te cuente cosas.
 
P. ¿Cuál ha sido el reto más importante al que te has enfrentado durante tu sólida carrera profesional?
 
R. Bueno, sólida… Es una profesión superinestable y ahora más que nunca. De hecho, no conozco nada menos sólido. Pero el reto siempre es el mismo: te enfrentas a una persona desconocida y pretendes que te cuente lo más importante de su vida o de su trabajo. Es un poco de locos, pero ocurre.
 
P. ¿Qué valores y competencias hay que tener para dedicarse a tu profesión?
 
R. Hay muchas formas de ser periodista. Hacer entrevistas culturales es solo una de ellas. Yo también he hecho reportajes de viajes y cientos de artículos y entrevistas a psicólogos y psiquiatras porque eso da mucho juego a las revistas… Y supongo que hacer información política diaria es muy diferente, por ejemplo. En mi caso, ya te digo, documentarse, tener un mínimo de empatía, ponerse en el lugar del entrevistado, avanzar con respeto, ser un poco audaz: hay que atreverse a preguntar… Y sobre todo ser íntegro: con el personaje y contigo mismo.
 
P. ¿Qué consejos les darías a las personas que quieran dedicarse a tu profesión?
 
R. Que no la idealicen. Es una profesión dura y cada día va a peor. Cuando yo empezaba, se pedía experiencia, ¡pero no la teníamos! Ahora que tenemos un bagaje, se contrata a cuatro becarios -que tienen derecho a trabajar, por supuesto- por el sueldo de un periodista con experiencia. Y donde antes intervenían cuatro o cinco profesionales, ahora tiene que hacerlo todo uno: la versión papel, la web, la maqueta, las fotos, la edición… Así estamos.
La periodista posa con el cantante Lenny Kravitz en su estudio de Miami Beach
P. ¿Qué importancia tienen Internet y las redes sociales en el periodismo?
 
R. Toda. Ahora casi diría que la mayoría de la gente se informa así. E Internet es una mina, claro. Cuando yo era una cría quería ver arte moderno, pero en León no había arte moderno, había que viajar… Ahora está todo ahí, a golpe de click. Eso es impresionante, Internet es una ventana al mundo.
 
P. ¿Han cambiado Internet y las redes sociales la forma de ver y hacer periodismo?
 
R. Totalmente, ahora la inmediatez es el nuevo valor, pero hay que contrastar la información igualmente. Quizá por eso me interesa menos. Mi forma de trabajar es más tranquila: son seres humanos lo que me traigo entre manos.
 
P. También eres una «cinéfila voraz» y publicas algunos de los mejores hilos cinematográficos que hemos visto en Twitter durante los últimos años. ¿Por qué te gusta tanto el cine? ¿Cuándo comenzó tu afición por el séptimo arte?
 
R. Gracias. Me divierte mucho escribir de cine, y los hilos son tan breves, es muy fácil. En mi casa se amaba el cine clásico y mi madre me lo transmitió. Por otra parte, para mí el cine era una ventana al mundo: a otros tiempos, otros problemas, otras estéticas… Yo me hice cinéfila en La2: ponían cientos de joyas de madrugada y mientras todos dormían, yo grababa, soy muy noctámbula. Más tarde me di cuenta de que, además, es un arte. Un arte muy difícil, técnico y colectivo.
 
P. Cine y periodismo. ¿Con cuál de los dos te quedas?
 
R. En mi vida va todo muy unido: literatura, arte, cine, periodismo, psicología… Todo contribuye a conformar el puzzle descomunal del ser humano y todo lo que le pasa al ser humano me interesa. Sobre todo si está bien contado, soy una persona muy hedonista.
 
P. ¿Qué relación guardan el periodismo y el cine?
 
R. Bueno, obviamente, son medios de comunicación de masas. Uno pone el pie en la realidad y el otro en la ficción. Pero también interaccionan entre sí. Personalmente, quizá podría prescindir mejor de la realidad porque no soporto la violencia y la injusticia, sobre todo con los más indefensos, pero también siento la pulsión de mejorarla. Como dice Almodóvar: «La realidad tenía que estar prohibida», y yo soy una persona muy idealista.
 
P. ¿Cuál es tu película inspirada en el periodismo favorita?
 
R. Sin duda, His girl friday (Luna nueva, Howard Hawks, 1940), Chica para todo, que debería titularse en español. Ahí está todo lo que puede decirse del periodismo: grandezas y miserias. Vigencia total, incluidas las dificultades de conciliación… Contado 80 años atrás. Es una película divertidísima e increíblemente moderna, con los diálogos más rápidos de la historia del cine. Un guión, reparto y dirección perfectos. Hawks es uno de los grandes.
 
P. ¿Cuáles son tus actrices favoritas (españolas y extranjeras)?
 
R. Para mí, Bette Davis es la mejor actriz de la historia del cine. Y añado a Ingrid Bergman, Vivien Leigh, Katharine Hepburn, Barbara Stanwick, Harriet Andersson, Giulietta Masina… España tuvo una cantera brutal, sobre todo en los años 40 y 50. Rafaela Aparicio, Amparo Soler Leal, Julia Gutiérrez Caba, María Luisa Ponte, Amelia De la Torre, Elvira Quintillá, Berta Riaza, Lola Gaos, Cándida Losada, Margarita Lozano… Sobre los buenos «secundarios» se construye el mejor edificio del cine.
 
P. ¿Cuáles son tus actores favoritos (españoles y extranjeros)?
 
R. Brando, Bogart, Glenn Ford, Mitchum, John Garfield, Mastroianni, Jean Gabin, Broderick Crawford, tantos… En España, Fernando Fernán Gómez, López Vázquez, Antonio Casas, Manuel Alexandre, Agustín Gonzalez, Alfredo Mayo y, por supuesto Pepe Isbert y Fernando Rey. Los actores españoles son fabulosos: viven, más que interpretar.
 
P. ¿Cuáles son tus directoras favoritas (españolas y extranjeras)?
 
R. Más que favoritas, me gusta reivindicar a las pioneras, muy desconocidas, como pasa en todas las artes. Pioneras a veces en sentido estricto y multitarea: directoras, guionistas, actrices, productoras… Alice Guy, Lois Weber, Dorothy Arzner, Musidora… ¿Quién las conoce? Y muchas hicieron cine antes que los hombres. Lotte Reininger hizo animación diez años antes que Walt Disney. Y en España, por cierto, ¿conocemos a Elena Jordi, Helena Cortesina, Rosario Pi, Margarita Alexandre (que era leonesa)…? Como mucho nos suenan Ida Lupino y Ana Mariscal. Yo creo que la historia del cine no les ha dado su lugar. Ahora es diferente, por supuesto: hay películas maravillosas dirigidas por mujeres, que tienen éxito de crítica y público. En pequeñas producciones, como Caramel, de Nadine Labaki o con grandes estrellas de Hollywood, como Cuando menos te lo esperas, de Nancy Meyers… En España, Josefina Molina, por ejemplo, me interesa mucho. Pero hay mucho por hacer.
 
P. ¿Cuáles son tus directores favoritos (españoles y extranjeros)?
 
R. Lubitsch y Lang, que de alguna manera se complementan, toda la oscuridad del expresionismo alemán (Murnau, Wiene, Pabst…), los clásicos norteamericanos (Chaplin, Ford, Wyler, Hawks, Walsh, Wilder…), el realismo poético de Marcel Carné, el polar de Melville, la elegancia de Ophüls, el neorrealismo italiano (De Sica, Rossellini, Visconti, Fellini, Pasolini…), los nórdicos (Bergman, Dreyer…), Hitchcock, Lean, parte de la Nouvelle Vague… ¡Tantos! En España, por supuesto, don Luis Buñuel, un artista excepcional, Bardem, Fernán Gómez, Berlanga y Víctor Erice, entre otros muchos.
Psicóloga además de periodista, en la imagen durante la entrevista con el psiquiatra Luis Rojas Marcos
P. ¿Cuáles son tus películas favoritas (españolas y extranjeras)?
 
R. Ahí nos darían las cinco de la mañana. Me gusta la poesía descarnada de Jean Vigo. Me gusta Ocho y medio: psicología y cine interaccionando en tiempo real. Me gusta El extraño viaje: admiro su modernidad y me conmueve lo que estaba haciendo Fernán Gómez como actor con ese talento como director. Me gusta Nunca pasa nada o cómo puede escapársete de las manos la vida, la felicidad en la España de provincias, sobre todo a una mujer en los años 50 y 60… Me gusta El manantial de la doncella, y su economía de medios para expresar la violencia del ser humano. Y me gusta Las noches de Cabiria, porque hay que sonreír a pesar de todo.
 
P. ¿Cuáles son tus géneros cinematográficos favoritos?
 
R. El cine negro y la comedia. Cuando vienes de la dureza del cine negro norteamericano o del realismo poético francés, el pastelón melodramático me resulta un poco indigesto, con excepciones, como Nicholas Ray. Me gusta desengrasar con la gran comedia americana: Lubitsch, Capra, Sturges, Wilder… Y adoro la comedia italiana de los años 50, es muy cercana a nosotros.
 
P. ¿Cuáles son tus escritores favoritos?
 
R. Cervantes, Galdós, Proust, Chejov, Rimbaud, Camus, Faulkner, Henry Miller, Rulfo, Carver… También me gusta leer a clásicos griegos como Homero, por ejemplo, por el vértigo temporal. Me emociona leer cómo se describe una sandalia dorada dos mil años atrás.
 
P. ¿Cuáles son tus libros favoritos?
 
R. Pues sus libros: El Quijote, En busca del tiempo perdido, El extranjero, Una temporada en el infierno, Trópico de cáncer, Pedro Páramo, La Ilíada… Ahora releo mucho.
 
P. ¿Qué otras aficiones tienes?
 
R. Me interesa mucho la pintura, la fotografía… Me gusta andar por las ciudades, hacer fotos (cuando estudiaba periodismo, también hacia las fotos) . Recuerdo hacer un reportaje sobre un asentamiento marginal aquí en Madrid: el rostro deslumbrante y contenido de una preciosa niña entre toda aquella pobreza… Pero la palabra pudo más. Me gusta ver exposiciones, la naturaleza, mirar el cielo, nadar, estar con mis sobrinas que son pequeñitas, disfrutar de los míos… Y estoy aprendiendo a pintar.
 
P. ¿Nos puedes adelantar algunas de las próximas entrevistas que vas a realizar?
 
R. No lo sé. Ahora soy freelance, y eso quiere decir que soy más libre (no tengo que estar en una redacción y hacer lo que me digan) y que puedo aceptar o no las entrevistas que me proponen. De hecho, ya no acepto entrevistas de un día para otro. Por ejemplo: esos atracones, esa tensión, así no se disfruta de una entrevista… Ahora me doy el lujo de tomármelo con más calma: propongo personajes que me interesan (y que no haya entrevistado ya), y acepto o no lo que me encargan. La experiencia es un grado y ahora, por fin, pesa más mi vida familiar.
 
P. ¿Qué proyectos tienes para este año?
 
R. Disfrutar de la vida y escribir, si es que no es lo mismo. Siendo periodista, escribes poco de lo tuyo y mucho de los demás. Me he pasado muchos años en una redacción, pero a mí me aburre la vida en una redacción: sus facciones, intrigas y codazos. Quizá porque no soy una persona competitiva, salvo conmigo misma, y porque soy muy inquieta. A mí lo que me gustaba era salir de allí: hacer entrevistas, pases de prensa, ruedas de prensa, ir a exposiciones, viajar… Lo interesante siempre ocurre fuera: el pulso de la vida, la noticia, los personajes están fuera de la redacción. La vida de oficina no es para mí: yo necesito el sol en la cara, por así decir. Me gusta ir por libre y ahora por fin puedo hacerlo, y ahí se abren muchas posibilidades. Ese es mi proyecto de vida, ser feliz.
P. ¿Les puedes enviar un mensaje de agradecimiento a tus seguidores?
 
R. Gracias siempre. Empecé a hablar de cine en Twitter sin otra pretensión que recordar a los clásicos, compartirlos. Y me he encontrado con cantidad de gente afín, educada, respetuosa, grandes conocedores de materias diversas, con los que aprendo un montón, no solo de cine. Twitter es una maravillosa y divertida vía de conocimiento más.

«Mientras haya personajes y artistas habrá entrevista». Esta periodista nos ha enseñado que no hay que desfallecer antes las adversidades, sino que hay que investigar y trabajar, buscar información y ante todo ser tú mismo. Enfrentarnos a nuevos retos es más divertido y satisfactorio que dejarnos llevar por la rutina. Desde ViveOnline te agradecemos, Ana, esta entretenida entrevista y tu calidez y cercanía.

Redes sociales de Ana García Piñán

Twitter: @anapinan

LinkedIn: @ana-garcía-piñán

 

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5 comentarios en “Ana García Piñán: «En una entrevista solo importan las respuestas»”

  1. Josué Osorio

    Excelente entrevista.

    Conocí a Ana en Twitter de forma fortuita. Cuando vi el conocimiento y la cultura que desplegaba, se convirtió de golpe en uno de mis tuiteros favoritos, aunque ignoraba que fuera periodista y más aún, con esa trayectoria aquí descrita, hasta el punto de entrevistar (entre otras muchas personalidades) a Paul Auster.

    Pero luego de leer esta entrevista, pude comprobar una vez más lo que ya había constatado en Twitter: Ana es una mujer humilde, cálida, afable y sincera, lo cual, después de todo, es lo que define el valor intrínseco de todo ser humano.

  2. Fernando Alonso Barahona

    Espléndida entrevista . Ana es una mujer que despliega cultura y buen gusto en sus preguntas y en sus respuestas . Cine y literatura se abrazan en la tinta – que es la sangre viva – del buen periodista

      1. La verdad en estado puro, bonita entrevista a una periodista de raza, que se echa en falta en estos tiempos de influencers, redes sociales y manipulación.

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