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Juan Carlos Vizcaíno: «Las series han roto con la importancia social del hecho cinematográfico»

Entrevista a Juan Carlos Vizcaíno Parte II

Seguimos hablando con el prestigioso crítico de cine Juan Carlos Vizcaíno, creador del blog «Cinema de Perra Gorda» y colaborador habitual de la revista de cine «Dirigido por...» y Notorious Ediciones.

Si no has podido leer la Parte I de la entrevista puedes hacerlo aquí.

De modismos y clásicos

Pregunta. ¿Cómo definirías tu estilo a la hora de elaborar textos cinematográficos?

Respuesta. Sería pretencioso por mi parte hablar de un estilo. Os diré que escribo con bastante sencillez, en la medida que no sé hacerlo de otra manera (se ríe). En ocasiones, leo comentarios o críticas redactadas casi de manera críptica y me resultan incomprensibles. Utilizo un lenguaje muy espartano, intentando expresar lo que me ha parecido esa película a nivel técnico y de planificación. Y al mismo tiempo transmitir lo que emocionalmente me ha transmitido la misma. Esos momentos o secuencias que me han llamado la atención. Reivindico que la crítica sea subjetiva. Es decir, no pasar cada película por una criba similar. Tu mirada, como la de cualquier otro espectador, debe ser sincera, con la ventaja que te puede brindar una perspectiva quizá más aventajada que la del aficionado medio. A este respecto, en alguna ocasión me ha sucedido al escribir sobre una película en mi blog que, después de elaborar el texto, me he dado cuenta que ya había escrito otro previo a lo mejor diez años atrás ¡Y las apreciaciones eran similares! Es curioso que lo que se pierde en la memoria se suele conservar en la perspectiva.
 
P. ¿Cómo será el cine del futuro?
 
R. Lo considero muy incierto y la tremenda incidencia del COVID-19 ha acelerado un proceso que aparecía errático. Por un lado, iba decreciendo la importancia de las salas de exhibición. ¿Quién no tiene en su casa una magnífica pantalla de proyección? Yo mismo hace más de 5 años que no acudo a una sala de exhibición. Pero es que al mismo tiempo vivíamos ya un proceso en el que ha ido desapareciendo la producción intermedia y de desarrollo de géneros habitual hasta hace pocos años. En este terreno las plataformas han tomado el mando del audiovisual. Incluso están favoreciendo la eliminación del formato físico, que espero que logremos revertir. Considero que sería una enorme involución. La verdad es que nos encontramos en un terreno poco alentador, que espero se clarifique una vez clareen las limitaciones de la pandemia.
 
P. Intuyo que no eres muy proclive al seguimiento de series o plataformas…
 
R. No os equivocáis en absoluto. Mirad, desde que era chaval siempre he sido un rebelde contra lo establecido. Cuando estaba cualquier moda cinematográfica —desde las películas de Travolta, la fiebre de Star Wars o incluso E.T.— siempre me revelé, negándome a ir al cine a verlas. Y las he recuperado décadas después. Siempre he ido en contra de lo que se ha venido imponiendo. Y ahora la moda es ver series, como si comieras hamburguesas. Y además verlas cuanto más rápido mejor, alardeando ante los amigos de que has visto una temporada en dos días. Si cuando era chaval tenía éxito en el colegio el que sabía contar las películas, hoy en día la moda es ver series que te dispensan las diferentes plataformas, empeñadas en esa frase tan terrible que es «generar contenido».
 
No voy a afirmar que el mundo de las series sea bueno o malo. Simplemente no me interesa. Han roto con la importancia social del hecho cinematográfico. Estéticamente parecen estar todas cortadas por similares rasgos. No hay creatividad. Incluso el tono fotográfico resulta similar. Y luego su inmensa mayoría aparecen dentro de unas plataformas empecinadas en destruir el formato físico. Plataformas que en realidad buscan una —por otra parte lógica— rentabilidad a corto plazo, pero en las que no se observa valentía o creatividad. Y que para más inri están absolutamente plegados a una serie de servilismos de esta temible izquierda  woke norteamericana, como censurar entre sus contenidos aquello que consideraran inapropiado de entre su catálogo de títulos del pasado. O en estas series incorporar esos servilismos a las minorías, el mundo LGTBI, ecologismo, y todos esos supuestos paraísos de la humanidad del futuro. Parece ser que nos encontramos en una reedición más sofisticada de aquellos telefilmes de sobremesa revestidos de buenos sentimientos… En el cine hay que buscar historias atrevidas, provocar, incentivar la reflexión del espectador. No dejarse llevar por esa perniciosa vorágine de un cine en apariencia buenista, pero, en el fondo totalmente almibarado. Parece que hemos vuelto a un nuevo código Hays, en los años 30 establecido entonces por mentalidades reaccionarias de derechas, y hoy día por mentes reaccionarias de izquierdas. Por todo ello, y por el mero hecho de que, en vez de contemplar una temporada de serie, prefiero disfrutar de una decena de ficciones independientes, a ser posible escarbando en el ingente pasado de la producción cinematográfica. Jamás seré adicto a las series ni, más aún, me haré socio de plataforma alguna. Como me decía el otro día un buen amigo: «Aunque el cine acabe, hay suficiente producción rodada en el pasado para disfrutarla incluso si tuviéramos dos o tres vidas».
 
El cine y sus géneros
P ¿Te gusta elaborar listas cinematográficas?
 
R. Cierto. Desde 1982 me gustó anotar en unas agendas que aún conservo las películas que iba viendo y calificándolas de «0» a «5». Ya desde el año 2000 confecciono anualmente y guardo en mi ordenador los listados anuales de los títulos que voy visionando o revisando. Al final de cada año elaboro una clasificación por puntuaciones. Y he de decir que me resulta de enorme utilidad, ya que cuando en ocasiones me solicitan participar en encuestas de este tipo, tenerlas me sirve de mucha ayuda. Al mismo tiempo, me permite tener la referencia de tantos títulos contemplados que se olvidan, o incluso ir trasladándolos al repasar qué películas he visionado de cualquier realizador y cuáles me faltan en sus respectivas filmografías
 
P. ¿Cuáles son tus géneros cinematográficos favoritos?
 
R. He de deciros que cuando era adolescente, mi afición se forjó por mi pasión con el cine fantástico y de terror. Y también la comedia. Pero con el paso de los años, lo cierto es que me he abierto a todos los géneros. Cuando una película es buena, da igual el género en que se encuadre. Fijaros que ya hace bastantes años que logré un notable aprecio hasta por el cine bélico, que, por otro lado, tiene tantas semejanzas con el wéstern, ya que ambos coinciden en no pocas ocasiones al ser historias de supervivencia. Lo que cada vez tengo más claro es que el gran género cinematográfico es el melodrama. La mayor parte de los grandes títulos que ha brindado del cine, da igual el género en que se inserten, en el fondo parten de las costuras del melodrama, ya que de ahí parten buena parte de los sentimientos y relaciones.
Juan Carlos en un acto de las fiestas de Hogueras de Alicante
P. ¿Por qué te gusta tanto el wéstern?
 
R. ¿Cómo lo habéis adivinado? (Se ríe). De entrada, el wéstern brinda una circunstancia inédita en cualquier otro género. Parte de un marco geográfico y temporal muy concreto para brindarnos a su vez una completa y reiterada metáfora en torno a los claroscuros de la condición humana. Cualquier sentimiento o contradicción se encuentra presente en sus imágenes, además con una iconografía que utiliza sus paisajes de un modo telúrico como ningún otro género.
 
P. ¿Cuál es tu wéstern favorito?
 
R. Voy a intentar ser escueto y os diré mis tres preferidos: Centauros del desierto, la ya citada Río de sangre —que me parece la poco compartida cima de la obra hawksiana— y Río Rojo, también de Hawks. Pero vamos, del cine del Oeste os podría citar con facilidad un centenar de títulos gloriosos.
 
P. ¿Cuál es el director de wésterns más importante?
 
R. Podría resolver con facilidad la pregunta diciendo que John Ford, pero no lo creo así. Y no porque el aporte de Ford al wéstern no sea extraordinario. Sencillamente creo que otros cineastas brindaron aportaciones tan valiosas como la suya. Podemos hablar de Howard Hawks, Raoul Walsh, Anthony Mann, Henry King, Gordon Douglas, John Sturges… Incluso aportaciones de nombres más heterogéneos dentro del mismo como Sam Fuller, Richard Fleischer, William A. Wellman, Fritz Lang o Jacques Tourneur. Por fortuna, fue un género que se nutrió de muchos, muy dispares y muy valiosos aportes. Por supuesto, jamás citaría dentro de ellos a Sergio Leone, que a mi modo de ver destrozó el género.
 
P. ¿Cuál es el actor de wésterns más icónico?
 
R. Hombre… El Duke Wayne no tiene rival. Sin embargo, hay que reconocer que el wéstern ha permitido grandiosos trabajos de figuras míticas como Gary Cooper, James Stewart, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Joel McCrea, Glenn Ford, Robert Mitchum… En cualquier caso, hay que reconocer en Wayne una presencia única ante la pantalla, su personalísimo lenguaje corporal, su peculiar manera de andar, que casi parece una extraña danza cinematográfica, y su capacidad para transmitir sentimientos y emociones con tanta singularidad. En su figura se aúna además la columna vertebral de la evolución del género. Recuerdo un instante casi imperceptible de Misión de audaces de Ford, en la que Wayne tira de repente el agua que hay en un cazo que tiene en la mano ¡Hay que ver la verdad que tiene ese momento!
Junto al actor Paul Rudd, protagonista de las películas de Ant-Man
P. ¿Cuáles son tus actores favoritos (españoles y extranjeros)?
 
R. De entrada, cada uno asume en su interior una serie de intérpretes, por encima del mayor grado de reconocimiento que estos albergan, con los que empatizas de manera muy especial. Los conoces, sabes cómo van a reaccionar ante una determinada escena o situación y se convierten, en cierto modo, en parte de tu familia. En esa muy reducida élite, mis actores preferidos han sido Albert Finney, Vincent Price y Rex Harrison. Y unido a ello hace prácticamente dos décadas que he venido siguiendo muy de cerca la andadura de Paul Rudd, que es mi actor preferido de cuantos se encuentran en activo. Puede sorprender que destaque a un actor que se encuentra caracterizado por participar en comedias más o menos superficiales. He seguido su dilatada andadura desde que era bien joven, aunque apenas ha envejecido en estas dos décadas. Desde el primer momento me deslumbró su versatilidad, su singularísimo lenguaje corporal, una evidente ascendencia británica en su estilo —proviene de orígenes ingleses—, la potencia o modulación de su voz. Y dominar hoy en día la herencia del vaudeville en la pantalla como nadie. Sin embargo, si hay algo que desde el primer momento me ha deslumbrado en Rudd es una pasmosa capacidad para modular y dominar su presencia en cada escena con la más mínima oscilación de su mirada. Conocí a Paul en Londres en 2001, a donde fui a contemplar su extraordinario debut en el West End, y encima pude comprobar el rato que estuvimos juntos que es un tipo supersencillo, y con un extraordinario y permanente sentido del humor.
 
Ya al margen de estos cuatro actores de cabecera, no dudo en destacar a muchos de los grandes, junto a otros intérpretes menos conocidos por el gran público. Hablamos de Cary Grant, John Wayne, Gary Cooper, Walter Matthaw, Sacha Guitry, Totò, Peppino de Filippo, Alberto Sordi, Henry Fonda, Peter Cushing, James Mason, James Stewart, Melvyn Douglas —una de las carreras con mejor evolución de Hollywood—, John Garfield, Steve Cochran —un excepcional duro que podía ser amenazador y vulnerable de un instante a otro—, ese maravilloso gato de Angora que fue Alain Delon, Claude Rains, Burt Lancaster, Gregory Peck —la máxima expresión de la dignidad cinematográfica—, Laurence Olivier, William Holden, Montgomery Clift, Robert Mitchum, Charles Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, Stan Laurel & Oliver Hardy —mis cómicos favoritos—, Robert Mitchum, James Cagney, Edward G. Robinson, Dana Andrews, Humphrey Bogart, Glenn Ford, Don Murray —durante unos años fue el mejor actor joven de Hollywood— o Dean Stockwell, que supo evolucionar de maravillosa estrella infantil a admirable actor juvenil y años después a brillante actor de carácter. Y no me voy a olvidar de tres actores que, con escasas interpretaciones, quedarán siempre en mi memoria de los más grandes. Uno de ellos sería el conmovedor Carlo Battisti de Umberto D. No hay palabras para definir su único trabajo ante la pantalla. Y otro sería el joven Timothy Bottoms de The Last Picture Show y Johnny cogió su fusil. Bottoms tendría otros papeles de interés hasta introducirse en una trayectoria decepcionante ¡Pero su trabajo en el film de Bogdanovich es tan conmovedor! O el joven y olvidado protagonista de otro título de Bogdanovich, como fue el Tim O’Kelly de Targets, uno de los retratos de la cotidianeidad del mal más aterradores que ha dado el cine.
 
No me voy a olvidar de intérpretes considerados «característicos», que se encuentran entre mis preferidos de todos los tiempos. Hablo de cómicos como Harry Snub Pollard y Edgar Kennedy. Nombres que casi nadie conocerá como Jack Gilford, el cómico Robert Morse —una institución en Broadway—, Clifton Webb, Edgar Buchanan, James Gleason, Charles Bickford, el eterno villano elegante que fue Víctor Francen, Charles Coburn, el inglés Harry Andrews —brutal en The Hill, de Sidney Lumet—, Leo G. Carroll, Simon Oakland, Paul Stewart, Henry Daniell, el comediante Monty Woolley, Arthur Hunnicut —sublime en Río de sangre—, Harry Davenport, Frank Morgan —inconmensurable en El bazar de las sorpresas—, Arthur O’Connell, Otto Kruger —de habitual y elegante villano a apasionado médico benefactor en Obsesión de Sirk—.
 
Entre los actores actuales destacaría la fuerza y sabiduría del veterano Morgan Freeman, la versatilidad y serenidad del magnífico Toni Servillo, la brillantez de nombres como Denzel Washington, el joven Ryan Gosling. Ahora está muy de moda atacar a Gosling. Pero es un actor que es capaz de expresar emociones contrapuestas con enorme facilidad y con una máxima economía gestual, al margen de tener un enorme carisma como estrella. Dentro de esa línea de actores jóvenes prometedores, creo que tanto Richard Madden como Nicholas Hoult, si saben llevar bien sus carreras, pueden convertirse en auténticas estrellas del cine inglés. Lo tienen todo para ello.
 
Al elegir a mis actores preferidos del cine español es imposible no evocar la extraordinaria escuela de cómicos y característicos que enriquecieron nuestras películas, con independencia del nivel de calidad de cada una de ellas. Podemos hablar de un José Luis López Vázquez, sublime en Plácido y con quien tuve el honor de comer en una ocasión. De la magnífica evolución de Fernando Fernán-Gómez. De la rotundidad de un Alberto Closas. Siempre veneraré a Manolo Morán. Bienvenido, Mister Marshall es «su» película. Cuando él se encuentra fuera de plano la película decrece en interés. A Félix Fernández, Manuel Aleixandre, José Isbert, Antonio Vico (memorable en ‘Mi tío Jacinto), o al otoñal y maravilloso Luis Escobar. Me gustaría destacar, porque es una figura olvidada y, aunque quizá no tuviera un amplio registro, el carisma que irradiaba en pantalla Jorge Mistral. Estoy seguro que si hubiera hecho carrera en Hollywood se hubiese convertido en una gran estrella mundial. Algo que sí sucedió muchos años después con Antonio Banderas, que ya desde sus primeros pasos transmitía una frescura y una fuerza en pantalla desacostumbrada. Siendo chaval ya vaticiné que llegaría lejos, aunque creo que su andadura en Hollywood no ha sido en sí misma, salvo excepciones, de gran nivel. Me alegro del enorme reconocimiento de su última colaboración con Almodóvar, que intuyo abre un periodo de madurez que puede ser muy interesante. Entre los intérpretes de las últimas generaciones, me gustaría remarcar la enorme versatilidad de Eduard Fernández, la sensibilidad de Unax Ugalde, el desparpajo de Álvaro Cervantes y, sobre todo, soy un enorme admirador de Juan José Ballesta, al que siempre he visto como el intérprete heredero de aquellos personajes de la picaresca española, y con el que además me une una entrañable amistad.
 
«Tú no me das lo que quiero, me das lo que quieres darme...»
P. ¿Cuáles son tus actrices favoritas (españolas y extranjeras)?
 
R. Me resultaría difícil señalar una actriz preferida, aunque quizá esta sea la extraordinaria Deborah Kerr o esa Kay Kendall, cuya prematura desaparición fue una de las mayores tragedias en el ámbito de la interpretación. Pero citaré la eterna modernidad de Lauren Bacall, la fragilidad de Audrey Hepburn. A Gene Tierney, Eva Marie Saint, Lee Remick, Katharine Hepburn, Ethel Barrymore, Joan Crawford, Irene Dunne, Claudette Colbert, Janet Leigh, Silvia Sidney, Meryl Streep, Shirley McLaine, Julio Christie, Jean Simmons, Olivia de Havilland, su hermana Joan Fontaine, Judy Holliday, Ingrid Bergman, Barbara Stanwyck, Julie Christie, Anna Magnani, Setsuko Hara, Joan Bennett, Gloria Grahame, Ida Lupino, Margaret Sullavan… Y entre los sex symbols no se puede dejar de citar a Marilyn Monroe, Sophia Loren, Claudia Cardinale e incluso una Kim Novak, que tenía una presencia tan inusual que bien manejada (Richard Quine y Alfred Hitchcock la supieron potenciar bien) inundaba de sensualidad la pantalla.
 
No voy a olvidarme de algunas actrices consideradas de carácter, que me parece que se sitúan a la altura de las más grandes. Hablo de figuras como Edna May Oliver, Jane Darwell, la italiana Tina Pica, la francesa Georgette Anys, o las británicas Mona Washbourne y Edith Evans. Precisamente en dicho ámbito hace pocos años descubrí a Yvonne Mitchell, de especial predicamento en el cine inglés de los 50, que no dudo en considerar una de las mejores actrices de la historia del cine. Por favor, recuperen algunas de sus performances porque son insuperables.
 
Y en el ámbito del cine español destacaría dos figuras extraordinarias, como son para mí la inconmensurable Rafaela Aparicio y una Julio Gutiérrez Caba que prefirió dedicarse al teatro, pero en sus presencias cinematográficas dejó la estela de una clase inigualable. De entre aquella irrepetible pléyade de cómicas no se puede olvidar a Guadalupe Muñoz Sampedro o Julia Caba Alba, a una Elvira Quintillá, o la extraordinaria Amelia de la Torre impagable —robaplanos—, Laly Soldevila, Amparo Soler Leal… Ya de los últimos años, no dudo en destacar a Pilar Bardem —sin duda la mejor intérprete de la familia— a la que se debería aprovechar mucho más. A Carmen Maura, Ángela Molina, Victoria Abril, Maribel Verdú…
P. ¿Cuáles son tus directores favoritos (españoles y extranjeros)?
 
R. La pregunta del millón (se ríe). Vamos a ver. Cuando intentas extender en una relación de cineastas preferidos de todos los tiempos, de alguna manera desnudas tu alma como amante del cine. Y en ella, en muchas ocasiones, combinas personalidades con una obra corta pero intensa, a otros con una producción más extensa, aunque más irregular. La elección de tus cineastas preferidos es algo tan subjetivo como personalmente placentero. A partir de ahí, siempre me he considerado una persona fatalista. Quizá por ello tenga como dios cinematográfico a Jacques Tourneur, dándose de la mano con Fritz Lang y tras él a Otto Preminger. Junto a ellos, por supuesto, admiro profundamente a grandes figuras como Ford, Hawks, Hitchcock, Vidor, Walsh… Todas ellas justamente reconocidas. Añadiría en dicha élite a cineastas tan diferentes como Leo McCarey, F. W. Murnau, David W. Griffith (el padre del cine), Charles Chaplin, Buster Keaton, Victor Sjöstrom, Frank Borzage, Carl Theodore Dreyer, Frank Capra, Henry King, Allan Dwan. Clarence Brown, E. A. Dupont, Robert J. Flaherty, Sidney Franklin, John M. Stahl, Ernest Lubitsch, Joseph von Sternberg, Erich Von Strohëim, Paul Leni, William Dieterle, Joe May o William A. Wellman entre los que iniciaron su obra en el periodo silente. De los cineastas surgidos en USA a partir de los años 40, unos refugiados de Europa y otros genuinamente americanos, me quedaría con nombres como Robert Aldrich, Preston Sturges, Orson Welles, Richard Fleischer, Samuel Fuller, Edward Dmytryk, Robert Rossen, Hugo Fregonese, Henry Hathaway, Phil Karlson, Elia Kazan, Joseph H. Leisen, Nicholas Ray, Albert Lewin, George Cukor, Vincente Minnelli, Douglas Sirk, Delmer Daves, André de Toth, Joseph L. Mankiewicz, Joshua Logan, Anthony Mann, Mitchell Leisen, Richard Brooks, Budd Boetticher, Stanley Kubrick y Sidney Lumet. Cineastas especializados en la comedia como Stanley Donen, Blake Edwards, Richard Quine, Frank Tashlin o Jerry Lewis.
 
Vayámonos al otro lado del mundo. Y destacaría a figuras como Yasujiro Ozu, al sueco Ingmar Bergman. Al alemán Helmut Käutner, que en los últimos tiempos me está suponiendo todo un descubrimiento. Al ruso Andréi Tarkovski. Entre los cineastas franceses me quedo con Jean-Pierre Melville, Robert Bresson, Sacha Guitry, Max Ophuls, Henri-George Clouzot, René Clément, Agnés Vardá o Jacques Tati. De la cinematografía italiana destacaría a Roberto Rosellini, Federico Fellini, Luchino Visconti, Vittorio De Sica, Valerio Zurlini, Mario Soldati, Mario Monicelli o Luigi Zampa. Y yendo por último a mi admirado cine inglés, destacaría nombres como Michael Powell y Emeric Pressburger, Alexander Mackendrick, Charles Crichton, Lance Comfort, Robert Hamer, Basil Dearden, Terence Fisher, Laurence Olivier, Karel Reisz, Tony Richardson o Jack Clayton.
 
Al hablar de mis preferencias dentro del cine español, no puedo ubicarlo ni de lejos dentro de esa élite antes señalada. Lo siento, no voy a definirme chauvinista al hacer una valoración genérica de nuestra cinematografía. España, por lo general, ha sobrellevado una producción siempre haciendo seguidismo de las grandes corrientes generadas en el conjunto del cine mundial. A partir de esta perspectiva, que no tiene por qué ser compartida pero que es la mía, uno puede valorar muy positivamente el Berlanga que finaliza con la década de los 60, las breves aportaciones en nuestro país de Buñuel, parte de la obra como realizador de Fernán-Gómez, Bardem, Martín-Patino, Jaime Chávarri, Víctor Erice, Nieves Conde, Neville, Carlos Saura o Marco Ferreri en su andadura española. La apuesta de un José Luís Guerín. Las aportaciones lejanas de Ladislao Vajda, Miguel Picazo… Me puede interesar parte de la obra de Almodóvar, en la que se observa una cierta frescura, pero cuando la he ido revisando sus tics y su manierismo se me manifiesta más claramente. Entre los últimos realizadores, me resulta muy interesante la figura de Alberto Rodríguez. Ya se trata como señalaba, de bajar el listón y encontrar títulos meritorios, algunos inclusos brillantes, pero, por desgracia, no puedo encontrar grandes maestros en nuestro cine. Es más, estoy convencido que, si la inmensa mayoría de los aficionados de nuestro país hubieran nacido y vivieran en alguno otro de Europa, su mirada sobre la producción generada en España albergaría una consideración muy esporádica. Creo que, en conjunto, el repaso ha sido prolijo (se ríe).
Un archivo y memoria inagotables
P. ¿Y cuáles serían tus realizadores preferidos de cuantos ejercen en la actualidad?
 
R. Pese a cualquier mirada llena de pesimismo, y aunque es evidente que no se pueden comparar los tiempos actuales con los grandes periodos cinematográficos, considero que nos encontramos con la aportación de cineastas como Steven Spielberg o Clint Eastwood (auténticos clásicos vivientes), con un Woody Allen que ahí sigue contra viento y marea, y dentro de una indigna situación de acoso personal y mediático, y aportando ironía y melancolía en las últimas muestras de su cine. Podemos hablar de figuras como Peter Weir, los hermanos Coen, Richard Linklater, Christopher Nolan dentro de un ámbito mainstream manejado con arrojo e inteligencia. Me gusta la obra de un Paul Thomas Anderson, aunque añoro la fuerza de sus obras hasta los primeros años del actual siglo. La andadura de Todd Haynes, Terrence Malick, el británico Mike Leigh, Paul Schrader (tan magnífico realizador como brillantísimo guionista), los franceses François Ozon y André Téchiné, la danesa Lone Scherfig, el turco-italiano Ferzan Özpetek, la aportación a la ciencia-ficción reflexiva de un Andrew Niccol, por desgracia en un segundo plano en los últimos años, Spike Lee, Lasse Hallström, Ang Lee. Un M. Night Shyamalan a quien se enterró antes de tiempo, Sofia Coppola, Gus Van Sant, o ese Damien Chazelle al que auguro una andadura poco menos que apasionante.
 
P. ¿Cuáles son tus películas favoritas (españolas y extranjeras)?
 
R. La película de mi vida es Dos en la carretera. Todavía recuerdo la emoción que me produjo verla por vez primera con una copia viejísima, la noche del 30 de diciembre de 1982, en la sede del Valencia Cinema, saliendo llorando de la sala y revisándola en días posteriores. Esa sensación de felicidad solo te la puede provocar el cine. Tras ella se encuentra Y el mundo marcha (Vidor), que además se produjo en una sesión de madrugada en La 2 de TVE. Y se produjo en un momento muy especial, ya que estaba a punto de perder por completo mi afición al cine. Gracias a ella y al impacto que me produjo, la mantuve. La terna la completaría, una vez más, El increíble hombre menguante, que sublima la obra de Matheson, brindando la que es a mi juicio la conclusión más estremecedora de la historia del cine. En esa élite no dudaría en incluir Intolerancia (Griffith), Avaricia (Strohëim), Amanecer (Murnau), Retorno al pasado y La noche del demonio (ambas de Tourneur), Suspense (Clayton), Germania, anno zero (Rossellini), El gatopardo (Visconti), El sirviente (Losey), Tempestad sobre Washington (Preminger), Cuentos de Tokio (Ozu), Cautivos del mal (Minnelli), Los paraguas de Cherburgo (Demy) (mi musical preferido), La evasión (Becker), Las novias de Drácula (Fisher), Matar a un ruiseñor (Mulligan), La caída de la casa Usher (Corman), Los seres queridos de Richardson, mi sátira cinematográfica preferida, Freaks (Browning), Desayuno con diamantes El guateque (ambas de Edwards), Tú, Kimi y yo (Tashlin), El apartamento (Wilder)… Hace unos años, Guillermo Balmori nos convocó a un centenar de críticos, famosos y aficionados, para elegir nuestras 20 películas preferidas, y curiosamente mi lista fue una de más las peculiares que se ofrecieron. Soy un bicho raro (se ríe).
 
En cuando a nuestro cine, creo que su obra máxima es Plácido (Berlanga). Han pasado seis décadas desde que se rodó, y pese a lo mucho que ha cambiado nuestra sociedad, en el fondo sigue siendo el análisis más preciso y demoledor del lado oscuro de la personalidad española. Es la clásica película que, aunque la hayas visto mil veces, cuando te topas con ella en TV te engancha de nuevo. Absolutamente inagotable. Otros títulos grandes de nuestro cine, serían para mí El extraño viaje y El mundo sigue (Fernán-Gómez), El verdugo (Berlanga), Nunca pasa nada (Bardem), El inquilino (Nieves-Conde), El sur (Erice), El desencanto (Chávarri), Madrid (Martín-Patino). Y ya de los últimos años citaría En construcción (Guerín), la ignorada Ladrones (Marques) y la sorprendente El hombre de las mil caras (Rodríguez).
Visiones e improntas
P. Dinos, por el contrario, algunos títulos que se consideren clásicos y que no te gusten. 
 
R. Entramos en terrenos pantanosos (se ríe). Pero asumo el reto, aunque no creo que me brinde muchos amigos. Detesto profundamente La naranja mecánica de Kubrick, la mucho más cercana El club de la lucha, de un Fincher que más adelante ha dirigido películas magníficas. West Side Story me parece una cursilada (a ver que nos hace Spielberg con su nueva versión). Nunca me han dicho gran cosa Lo que el viento se llevó ni Ben-Hur (prefiero, sin parecerme gran cosa, su versión silente). Considero Cowboy de medianoche lo que denomino un «duro de chocolate». Bueno, no voy a seguir porque algún aficionado me hará vudú (se ríe). Creo que es bueno que cada amante del cine tenga sus propias filias y fobias. No son más que reflejos de su personalidad.
 
P. ¿Cuáles crees que son los actores, actrices, directores y películas más infravaloradas de la historia del cine?
 
R. En cuanto a intérpretes y directores que quizá no se encuentren en el olimpo del reconocimiento, ya os he señalado algunos en mi repaso previo a mis preferencias, y en donde se encuentran bastantes que no son o no fueron muy conocidos.
 
Sí os señalaré algunos de mis títulos de cabecera, que no figuran en las preferencias de casi nadie, lo cual para mí es un verdadero placer (se ríe). Os hablaré de Viviendo el pasado, única y admirable obra de Martin Gabel, adaptación de Henry James donde, literalmente, el espectador siente como el tiempo se detiene. De Night Must Fall de Karel Reisz. En su momento literalmente vituperada, pero que constituye un deslumbrante puente entre Psicosis y El sirviente. Además, permite a Albert Finney realizar la que considero mejor interpretación de su carrera. De Sammy, huida hacia el sur, donde Alexander Mackendrick nos brinda la quintaesencia de su cine, mi película preferida del cine de aventuras, y una de las obras más duras y conmovedoras que jamás he visto en la pantalla. Hablaría de Charlie Bubbles, la única y excepcional realización de Albert Finney, una obra sobre la alienación que provoca la riqueza, que revelaba una sensibilidad e inventiva cinematográfica asombrosa, de la que solo cabe lamentar que Finney no dirigiera más. De ese maravilloso melodrama que es Castillos en la arena, en mi opinión la cumbre del cine de Vincente Minnelli. De ¿Qué sucedió entonces?, de Roy Ward Baker, quizá la más extraordinaria fusión de terror y ciencia ficción que ha brindado la pantalla.
 
Y ya en épocas más recientes, nunca ocultaré mi devoción por Mucho más que amigos, de Nicholas Hytner, que bajo el aparente envoltorio de una comedia de situaciones, ofrece el mejor homenaje que he visto en la pantalla sobre la comedia clásica americana. Una visión muy dolorosa sobre la infelicidad que provoca el amor no correspondido. Adelanta muchas de las relaciones y concepciones familiares que son habituales en nuestros días, y permite a Paul Rudd realizar una interpretación verdaderamente sobrenatural.
Cinéfilo y foguerer
P. ¿De entre los muchos libros de cine que has leído, con cuales te quedarías?
 
R. Mi biblia cinematográfica siempre será 50 años de cine norteamericano, del recientemente fallecido Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon. Recuerdo cuando era chaval como semana a semana me compré la magnífica enciclopedia del cine que editó Planeta en los primeros años 80, en la que se partía de un estudio cronológico del cine, en lugar de hacerlo por géneros, que era lo habitual y menos afortunado. Por lo general, me interesan mucho los libros que profundizan en lo informativo o en entrevistas realizadas a los grandes nombres del cine. En esa línea, destacaría la fabulosa colección Backstory, realizada por el crítico norteamericano Pat MacGuilligan, que en cuatro volúmenes entrevista a los más grandes guionistas de Hollywood. O los libros de entrevistas o semblanzas de directores o actores escritos por Peter Bogdanovich. Más allá de todo esto, tengo un recuerdo imborrable de los libros cinematográficos escritos por José María Latorre. Algunos de ellos los tengo dedicados con su cuidada letra, en especial el maravilloso que escribió sobre el cine de aventuras. O el apasionante elaborado sobre Leo McCarey por Miguel Marías. Finalmente, recuerdo un pequeño libro escrito sobre King Vidor por Carlos Señor, cuyo apasionamiento siempre me ha parecido formidable.
 
P. Nos consta que posees una notable colección en materia cinematográfica ¿Tienes pensado lo que vas a hacer con ella dentro de muchos años?
 
R. De entrada, quiero seguir enriqueciéndola y disfrutar de ella todo lo que pueda y durante muchos años. Actualmente, dispongo de unas 15 000 películas, en diferentes formatos, y gran cantidad de libros y colecciones de revistas. Es uno de mis principales tesoros. Me gustaría que en su momento me sobreviviera y pudiera ser disfrutada por aquellos aficionados que lo deseen. Por ello tengo decidido establecer mi deseo de que una vez fallezca, mi legado en esta parcela sea donado a la ciudad de Villena (Alicante). Una población de enorme inquietud cultural, a la que quiero profundamente, y en la que conservo muchísimos amigos. Es la primera vez que señalo públicamente esta intención, aunque ya digo que espero y deseo pueda ampliar esta pasión a lo largo del tiempo.
 
P. ¿Qué otras aficiones tienes?
 
R. La otra pasión de mi vida ha sido mi entrega a la vertiente cultural de las principales fiestas de mi ciudad, Alicante. Me refiero a las Fogueres de Sant Joan, que se celebran habitualmente entre el 20 y el 24 de junio. Tanto el pasado 2020 como en este 2021 no se van a celebrar por la incidencia de la COVID-19. Es una pasión sobre estas fiestas que me viene desde bien pequeño y, a lo largo de décadas, me ha hecho escribir libros (individuales y colectivos) sobre las mismas, dirigir decenas de publicaciones, y escribir centenares de artículos y estudios sobre buena parte de sus facetas. He dado charlas sobre las mismas, organizado actos, dirigido desfiles… Incluso, en 2003, tuve el honor de responsabilizarme de elaborar el Museo de Hogueras que existe en mi ciudad. He de reconocer que en un momento dado esa pasión por las fiestas mediterráneas de mi ciudad (que invito a contemplar a los lectores) casi hizo sacrificar mi pasión por el cine. Por fortuna, ello no sucedió y actualmente la pasión cinematográfica ocupa lo mejor de mi tiempo.
Colaboración y futuro. Presentación del libro «Memoria de una fiesta»
P. ¿Nos puedes adelantar algunos de tus próximos proyectos?
 
R. Bueno, de entrada, tengo colaboraciones en un par de nuevas publicaciones de Notorious Ediciones, que por prudencia prefiero omitir. Lo cierto es que por un lado o por otro, siempre van saliendo pequeñas colaboraciones, por lo general ilusionantes. Si que es cierto que tengo en mente dos libros concretos que me gustaría llevar a cabo. Uno trataría sobre el cine británico entre 1940 y 1970, apelando a títulos poco o nada conocidos, y otro sería un recorrido muy amplio sobre un periodo para mí muy estimado de la comedia en habla inglesa, focalizado entre 1955 y 1968, para mí el último gran ciclo dorado de dicho género. El primero de dichos libros lo tengo avanzado, pero parado, y del segundo tengo el cuerpo central paralizado hace años. Me gustaría poder brindarlo a alguna editorial, o incluso plantearme una autoedición, pero reconozco que no valgo para ir ofreciéndome. Por el contrario, soy demasiado indolente.
 
P. ¿Te ha sucedido alguna anécdota en tu andadura como comentarista cinematográfico?
 
R. Alguna ha habido. Recuerdo que en la revista Dirigido por… le dedicaron un dossier de dos números a la obra de Roger Corman y logré que me dejaran escribir el capítulo dedicado al Ciclo Poe, ya que de pequeño fue uno de los ejes de mi entonces precoz cinefilia. Pues bien, entre la primera parte, en la que entre sus contenidos se encontraba mi texto, y la segunda del número siguiente, habían viajado a USA para entrevistar a Corman, quien salía en una foto con ese número en la mano, leyéndolo. Llegué a pensar que quizá estaría viendo alguna de mis páginas, aunque no supiera leer español, y eso me produjo una extraña emoción. Años después, el mismo día, y con apenas un par de horas de separación, me escribió Guillermo Balmori para invitarme a participar en el libro que dedicó a la obra de Nicholas Ray. Y poco después Quim Casas para colaborar en un dossier que Dirigido por… dedicó a su figura. Os aseguro que fue pura casualidad. Finalmente, hay algo de lo que siempre me arrepentiré. En los primeros años del siglo XXI me enteré de que Stanley Donen iba a ser presidente del jurado de la Mostra de Cinema Mediterrani de Valencia. Yo entonces trabajaba en el Ayuntamiento de Alicante como asesor de fiestas, y podía haber utilizado mis contactos para haberme encontrado, aunque fuera un momento, con Donen. Me hubiera puesto de rodillas delante de él y le hubiera dado las gracias por el placer que me brindó su cine ¡Nunca lamentaré lo suficiente no haber dejado de lado mi timidez!
 
Por último, y esto es más prosaico, hace unos años el diario ABC editó una colección de DVD que coordinó Guillermo Balmori. Me encargó hacer el libreto de la edición de El crepúsculo de los dioses y, por un descuido de esos que pasan, el cuadernillo se editó sin poner el nombre de su autor. Así que, si alguien conserva dicha edición, que sepa que su cuadernillo lo escribió un servidor (se ríe).
 
P. ¿Qué satisfacciones te ha proporcionado tu afición cinematográfica?
 
R. Muchísimas. De entrada, el placer de descubrir una película, sobre todo cuando esta apenas goza de prestigio y nadie se ha referido o acordado de ella. Me ha permitido conocer a mucha gente y hacer muchos amigos, algunos de los cuales jamás he visto personalmente, pero sé que están ahí. Además de los que he citado, no me gustaría dejar en el tintero buenos amigos como los muy cercanos Raúl García Sáenz de Urturi, Israel Gil, Fernando Usón Forníes. Carlos Díaz Maroto, Javier Mateo, Lluís Vilanova o tú mismo (se refiere a Juanma de la Poza), entre muchos otros. Finalmente, aunque en mi blog hay un flujo de comentarios muy limitado, hay algo que me llena de mucha satisfacción: cuando algunos aficionados o incluso críticos de cine me han confesado que han buscado en ciertas ocasiones algunos de mis comentarios para encontrar alguna referencia sobre una película desconocida. Y además esta les ha servido de gran ayuda. Con eso me siento satisfecho. De verdad.
 
P. ¿Les puedes mandar un mensaje de agradecimiento a los lectores?
 
R. De entrada, os lo brindo a vosotros por considerar que podía tener interés entrevistarme, cuando previamente lo habéis hecho con figuras de un infinito mayor interés que el que yo puedo proporcionar. En cuanto a los posibles lectores, espero que esta larga confesión cinematográfica no se les haya hecho muy pesada. A todos ellos no puedo más que darles las gracias por, fundamentalmente, mantener encendida la llama de la pasión y el seguimiento a un tipo de cine que ha forjado nuestras vidas. 

No es un crítico de cine, Juan Carlos Vizcaíno es realmente un arqueólogo de la pantalla grande. El detalle por cada escena, por cada plano, por cada movimiento actoral y de la cámara, define a un apasionado del séptimo arte. El mundo real y el mundo de ficción se entrelazan para dejarnos las ideas y los sentimientos de una persona entregada a lo que ama, a lo que piensa y que extrapola esos pensamientos y teorías a nuestras emociones y raciocinio. Hoy hemos aprendido, querido Juan Carlos, a querer, un poco más, el cine. ¡Gracias amigo por concedernos esta entrevista llena de sabiduría y cariño!

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6 comentarios en “Juan Carlos Vizcaíno: «Las series han roto con la importancia social del hecho cinematográfico»”

  1. Una entrevista magnífica. Tengo la suerte de contar con la amistad de Juan Carlos y poder dar testimonio de su pasión por el cine. También tengo el placer de haber conocido su biblioteca y filmoteca, y es una absoluta maravilla.

    Gracias por haber publicado esta entrevista, muchas veces el trabajo y dedicación a algo no queda compensado públicamente y el trabajo de Juan Carlos por el cine bien merece su reconocimiento.

  2. Interesantísima entrevista. De las que da gusto leer y releer para ir subrayando reflexiones valiosas y director y películas (y más películas) que están pendientes… o que ni tenía referencias. Una gozada, vaya. Tengo trabajo de visionado para varias semanas.
    Muchas graciass!!

  3. Muy feliz de verme mencionado en tu magnífica entrevista, querido Juan Carlos! Tú también ocupas el mismo puesto de honor entre mis amistades. Siempre es un placer leerte y aprender de tu experiencia y criterio. Me llevo una buena lista de títulos para ver en estos días. Un fuerte abrazo!

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