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Víctor Clavijo: «El éxito ha sido poder vivir, hasta la fecha, de mi trabajo»

Durante el confinamiento Víctor Clavijo revolucionó Twitter con sus divertidos vídeos en los que recitaba reguetón a modo de poesía.

Nuestro actor más camaleónico iba para abogado, pero dejó la carrera para irse corriendo a Madrid a estudiar interpretación.

Víctor y su capacidad de transformación en cualquier personaje

Salvo algunas excepciones, un buen actor debe ser capaz de cambiar de registro en cada papel. La mayoría de los actores intentan no encasillarse y pretenden demostrar que están capacitados para interpretar cualquier tipo de personaje. Algunos de ellos cambian tan drásticamente de apariencia en cada película que siempre es un impulso para los espectadores conocer su siguiente trabajo para ver hasta dónde son capaces de llegar en este proceso de transformación.

Este notable grupo de actores que tienen la apreciada habilidad de reinventarse en cada papel son conocidos por tener una pasmosa facilidad para adaptarse a personajes muy diferentes, una herramienta que les permite dar lo mejor de sí mismos en cualquier momento. Un actor que ha crecido, cada vez con más prestigio y reconocimiento, y que se ha ganado merecidamente el calificativo de camaleónico, es Víctor Clavijo.

En sus 23 años de profesión, Víctor ha interpretado, entre otros muchos papeles, a un joven que vive fuera de la ley y que recibe el hígado de Silvia, a un periodista que ayuda a Sherlock Holmes y John H. Watson a encontrar a Jack el Destripador, a un santo jesuita, a Lope de Vega, a un sicario que recibe el encargo de matar a una mujer, al militar y explorador que traicionó a Hernán Cortés, a un hombre que se ha quedado atrapado en el piso de su amante durante la cuarentena e incluso ha sido el lobo feroz en el cuento de los tres cerditos.

El actor gaditano ha sabido moverse como pez en el agua en todos los géneros posibles, sin ningún tipo de problema, gracias a su talento. Junto a su cotizada voz, la gran habilidad para transformarse en cualquier personaje —puede presumir de tener uno de los rostros más expresivos del cine español— es otra de las principales cualidades que le han hecho alcanzar el éxito.

Fotografía, redes sociales y profesión

Durante el confinamiento sacó su lado más divertido y cautivó a todos sus seguidores de Twitter recitando, con su perfecta voz grave y profunda, las letras de canciones que parecía misión imposible encajarlas en un recital poético: Gasolina, de Daddy Yankee, La Salchipapa, de Leticia Sabater o el Toda, toda, toda, de Jesulín de Ubrique.

La fotografía es otra de sus grandes pasiones y hace unos años, Víctor estuvo conviviendo con el pueblo saharaui durante cinco días y ahora está publicando en sus redes sociales  algunas de las fotografías que realizó durante su estancia en el Festival Internacional de Cine del Sahara (FiSahara), uno de los pocos certámenes cinematográficos que se realizan en un campo de refugiados. Su objetivo es difundir la preocupante situación del pueblo saharaui para darle, de una vez por todas, una solución a todas las necesidades que están sufriendo.

Acaba de rodar junto a Maribel Verdú y Natalia Verbeke la serie Ana Tramel. El juego y de ponerle la voz a José Millán-Astray, militar español, fundador de la Legión y de Radio Nacional de España en Palabras para un fin del mundo, de Manuel Menchón, un documental que profundiza en los últimos meses de la vida del célebre escritor y filósofo Miguel de Unamuno.

Tienes una trayectoria profesional impresionante a pesar de tu juventud y has trabajo con directores tan importantes como el oscarizado José Luis Garci en Holmes Watson. Madrid Days. La primera vez que te vimos actuar fue en 1997 en la serie de televisión de Antena 3 Menudo es mi padre, junto al malogrado El Fary, donde interpretabas al hermano de Pilar López de Ayala. Con esta grandísima actriz volviste a coincidir entre 1998 y 2000 en otra inolvidable serie que supuso tu trampolín hacia la fama: Al salir de clase.

El carisma de Víctor
P. Nos gustaría que te presentaras a tus seguidores hablándoles un poco sobre tus inicios en el mundo del cine y contándoles cómo crees que ha evolucionado tu carrera profesional desde entonces. 
 
R. Yo empecé a hacer teatro amateur en Algeciras y en la comarca del Campo de Gibraltar a los 15 años. Al mismo tiempo, me apunté al aula de teatro de mi instituto en Algeciras y a una compañía de teatro independiente que tenía su sede en un pueblo cercano. Los fines de semana me trasladaba en tren a este pueblo, llamado La Estación de San Roque, a ensayar con esta compañía de teatro que se llamaba Mejorana, uno de cuyos directores fue más adelante el Defensor del Pueblo Andaluz, el cura y activista social José Chamizo, que también era profesor de religión de mi instituto. 
 
En aquel tiempo tomé la decisión de ser algún día actor, pero mis padres me sugirieron, tras los buenos resultados académicos, que estudiara una carrera. Estudié Derecho dos años en Granada, pero a los 20 años, tras ver actuar a Juan Diego en directo, decidí dejar los estudios de Derecho y perseguir mi sueño. Vine a Madrid e hice las pruebas de ingreso en la RESAD (La Escuela Superior de Arte Dramatico ), donde estudié durante cuatro años. En aquel tiempo hice mi primera intervención en una película llamada En la puta calle, pero mi escena se cortó en el montaje final. La hermana del director de aquella película era compañera de clase en la escuela de interpretación y me ofreció una pequeña colaboración en aquella película que iba a dirigir su hermano. Un año antes de terminar los estudios, encontré representante y empecé a audicionar para series de televisión. 
 
De esta manera conseguí mis primeros pequeños papeles episódicos en series como El súper, hasta que fui seleccionado en otra prueba para intervenir en la serie protagonizada por El Fary, Menudo es mi padre. Esto ocurrió en mi último año de carrera en la RESAD, de modo que compaginé los estudios de interpretación con el rodaje de la primera serie en la que tenía un papel fijo y con continuidad. 
 
A partir de entonces se sucedieron los trabajos en televisión, teatro independiente, doblaje… Hice otras pequeñas intervenciones en películas en las que apenas tenía unas pocas frases (Un buen novio, Los lobos de Washington, Me da igual), hasta que me ofrecieron un pequeño pero jugoso personaje en una película muy interesante que se llamaba Las razones de mis amigos, en el año 2000. Aquel fue el primer personaje con cierta enjundia que tenía en el cine. Dirigía Gerardo Herrero, con el que he trabajado un total de cuatro veces desde entonces. 
 
Yo creo que mi carrera ha ido bastante lenta en muchos aspectos, para ser sinceros, y sin embargo, muy constante. No me ha faltado trabajo, lo cual es una suerte y una rareza en una profesión como esta. 
 
P. ¿Cómo definirías tu carrera profesional hasta el momento y hasta dónde te gustaría llegar como cineasta? 
 
R. La definiría como lenta pero constante. Rara vez he tenido apoyo mediático y nunca he tenido el estatus que otorgan el éxito, la prensa o el apoyo de la industria. Sin embargo soy consciente de que estoy muy bien valorado dentro de mi propio gremio de actores y de que tengo el respeto y una gran valoración por parte de muchas personas de la profesión y del público. Del mismo modo, casi nunca me ha faltado trabajo, que es lo que realmente considero como el auténtico éxito profesional. 
Antecedentes y condición
P. ¿Cuándo comenzó tu pasión por el cine? 
 
R. Desde pequeño. En mi casa se veía mucho y muy buen cine. Mi padre es un gran apasionado. Veíamos el programa La clave siendo niños porque lo veían mis padres; era un programa referente y único en la televisión de los años 70 y 80 que solía emitir grandes películas que se acompañaban con un debate posterior. Cuando vi Amadeus de Milos Forman a los ocho años, tal vez me volví loco. Durante muchos años esa película marcó mi vida, hasta el punto de que creí que quería ser músico. Cuando descubrí las películas de Charles Chaplin, y James Dean más adelante, entendí que quería ser actor. 
 
Aquellas películas y algún documental sobre la historia del mimo y sobre el Actors Studio marcaron mi vida. Mi padre no solo era un gran aficionado al cine, sino que dirigía cortometrajes en Super-8 milímetros que protagonizaban unos amigos actores, a los que a veces acompañábamos en sus giras de teatro. En casa veía a mi padre montar aquellos cortometrajes con una montadora muy básica. También hacía filmaciones caseras y siempre había algo de juego actoral en esas filmaciones. O bien se grababan mis padres leyendo. O bien hacíamos el payaso para la cámara. 
 
P. Has encarnado a personajes históricos como Lope de Vega en El Ministerio del Tiempo o Francisco de Borja en Carlos, rey emperador, ¿cuál es el siguiente personaje histórico al que te gustaría interpretar? 
 
R. Pues no sabría deciros. El propio Chaplin, Amadeus, Salieri… Pero ya están interpretados por grandísimos actores. 
 
P. Hasta donde sabemos, has estudiado arte dramático, canto y esgrima. También tocas el piano, eres un fantástico fotógrafo, un excelente doblador… ¿Qué es lo que te queda todavía por hacer o aprender? 
 
R. ¡Uy! Muchísimas cosas. Toco todas esas disciplinas, pero no me podría considerar un profesional de ninguna de ellas, salvo de la interpretación. Me encantaría aprender a tocar nuevos instrumentos musicales, y saber cantar. No canto nada bien y tampoco tengo dotes para el baile. 
 
P. ¿Cómo te preparas o trabajas los matices de cada uno de los personajes que interpretas? 
 
R. Es muy difícil de explicar y un proceso muy complejo. Lo primero es entender quién es el personaje y su función dramática en la historia para poner toda mi preparación al servicio de ello. Procuro llenar el subconsciente de referencias que me puedan inspirar (música, historia, pintura, fotografía, personas conocidas, referentes dramáticos…) y a partir de ahí trato de entender su psicología y sus motivaciones. No solo lo que dice, sino lo que no dice el personaje. Sus deseos inconscientes, que son los que le guían, sus miedos, sus carencias… Pienso en su energía, en cómo se mueve, cómo se relaciona con los demás, si es un personaje cerebral, emocional o impulsivo, cuáles son sus miedos básicos y cómo se relaciona con el mundo para suplir o manejar esos miedos o traumas, qué desea de la vida, qué calla, qué dice… Sin entender esos motores uno puede quedarse solo en una representación arquetípica, un cliché.. Hay personajes que entiendes automáticamente y otros que requieren más estudio o profundidad. Y procuro encontrar en mí esas similitudes con el personaje. 
La valentía, el coraje y el trabajo
P. ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado en tu brillante carrera profesional? 
 
R. Cada personaje me supone un nuevo reto. Quizá, a un nivel de técnica, el trabajo más complicado ha sido el del Lehman Trilogy, la función de teatro con la que llevamos tres años de gira. Se trata de una obra en la que seis actores interpretamos una media de veinte personajes cada uno, cantamos, bailamos, tocamos instrumentos (yo tuve que aprender a tocar el violín y un poco el bajo eléctrico, y tocaba además el piano y la guitarra) durante tres horas. La exigencia física y técnica de la función ha hecho que sea de los trabajos más complicados que he hecho hasta la fecha, pero también de los más gozosos. 
 
P. ¿Te imaginas trabajando toda tu vida en el mundo del cine? ¿Eres partidario de «morirte» encima de un escenario? 
 
R. No me imaginaba que conseguiría vivir de ello. Yo me conformaba con dedicarme profesionalmente a esto, pero sabía que sería duro y que había grandes probabilidades de morirme de hambre. El éxito ha sido poder vivir, hasta la fecha, de mi trabajo. No me imaginaba con hacer cine cuando vine a Madrid. Me imaginaba haciendo teatro independiente y pasándolas canutas. Pero a pesar de eso sabía que me haría feliz. Mi ideal era la película Los niños del paraíso y ya con vivir ese ambiente bohemio del teatro, sabía que sería feliz. El cine y la televisión vinieron después. Nunca, antes de venir a Madrid, me imaginé en una película, pero sí en un escenario. Claro que me encantaría no jubilarme jamás. A eso aspiro, sin duda. Y supongo que morir en un escenario, debe ser algo más bello que hacerlo en un hospital, aunque tampoco le deseo ese trago al público, claro. 
 
P. ¿Cuál es la anécdota más divertida que te ha ocurrido durante un rodaje? 
 
R. Tengo muchísimas anécdotas divertidas de muchos rodajes y muchas funciones de teatro, aunque lo más fuerte que me ha pasado hasta la fecha ha sido abrirme la cabeza y caer inconsciente al suelo durante la filmación de una película o desalojar un teatro importante por un incendio en los camerinos. Cada rodaje esconde muchísimas anécdotas divertidas, pero es difícil elegir qué ha sido lo más gracioso. 
 
P. ¿Me puedes describir alguna situación profesional complicada de la que hayas salido airoso? 
 
R. En la función de teatro Lehman Trilogy me tocó aprender a tocar el violín, como os decía, para un par de momentos de la obra. Tocar en directo todos los días un instrumento tan complicado ante un gran público exige como actor un grado de valentía o inconsciencia por mi parte. Creo que salí airoso de ese reto. 
 
P. ¿Qué consejos le darías a una persona que quisiera dedicarse a tu profesión? 
 
R. Que no busque el éxito. Que ame este trabajo a pesar de lo que pueda darle este oficio a cambio. Es la única manera de ser feliz. Y que se prepare muchísimo. Es una carrera de fondo y uno nunca deja de aprender. El éxito te puede llegar a los veinte y luego no volver a trabajar en tu vida, o puede llegarte a los cincuenta. Lo importante es amar la profesión, a pesar de los vaivenes de la misma, y tener una profunda necesidad de comunicar y vivir otras vidas. 
El juego psicológico del personaje
P. ¿Cuáles son tus actrices favoritas? 
 
R. Gena Rowlands y Meryl Streep. 
 
P. ¿Cuáles son tus actores favoritos? 
 
R. Charles Chaplin, James Dean, Al Pacino, Marlon Brando, Javier Bardem, Anthony Hopkins y Mathew McConaughey. 
 
P. ¿Qué opinas de otro tipo de actores como John Wayne? 
 
R. John Wayne era muy bueno en lo que hacía: el wéstern. Los trabajos que más me gustan de él son los que hizo en Centauros del desierto y El hombre tranquilo.
 
P. ¿Cuáles son tus directores y directoras favoritas? 
 
R. John Cassavettes, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, Alfonso Cuarón, Sofía Coppola e Isabel Coixet. 
 
P. ¿Cómo te ha afectado el coronavirus profesionalmente? ¿Y personalmente? ¿Qué proyectos laborales y personales has tenido que cancelar o posponer por culpa de esta pandemia?
 
R. Han habido muchos proyectos que se han suspendido, pero se vuelven a poner en marcha ahora (los que te comentaba en la pregunta anterior). En lo personal me he cuidado mucho en todo lo que tiene que ver con las precauciones. He cumplido la cuarentena y aún no bajo la guardia a pesar de que vayamos avanzando con las fases de desescalada. No he tenido que cancelar ningún proyecto personal, pero sin duda la situación va a afectar a las decisiones que tome de cara a mi ocio o mis vacaciones. 
 
P. ¿Cuál es tu trabajo favorito hasta el momento? 
 
R. Me cuesta elegir, pero tengo varios favoritos: Lope de Vega, el yonky de la serie Mujeres, el personaje del sicario de Sicarivs, el militar republicano de La señora, el personaje de la película apocalíptica Tres días, el que hice en Karabudjan, el personaje que interpreto en Lehman Trilogy y Cristóbal de Olid en Hernán
 
P. ¿Sientes alguna similitud o tienes algo en común con alguno de los personajes que has interpretado? 
 
R. Con algunos tengo más cosas en común que con otros, sin duda. Pero incluso en aquellos que no tienen nada que ver conmigo a priori busco en mí esas características del personaje. Yo no soy nada seductor, pero sin embargo volqué en Lope esa fantasía de ser un gran seductor. Tampoco soy un asesino, pero en el sicario de Sicarivs tuve que buscar en mí esa frialdad y esa falta de empatía psicopática del personaje. Sin embargo, ya estaban en mí el rigor y la profesionalidad del personaje. A priori tengo más cosas en común con el personaje del militar republicano de La señora y 14 de abril. La República, y con Cristóbal de Olid en Hernán, porque son personajes con sentido de la honestidad, la justicia y los principios con lo que me siento identificado. 
«Talento para comunicar»
P. ¿Por qué motivos crees que ha fracasado un proyecto tan arriesgado, pero bastante original, como Diarios de la cuarentena? 
 
R. Bueno, no sé si ha fracasado. No pretendía tampoco ser un gran éxito. La serie se hizo en muy poco tiempo, sin medios y estaba rodada por los propios actores siguiendo las indicaciones del director por videoconferencia. Evidentemente, no tenía el presupuesto ni el acabado final de otras series. Pero era un producto que surgía a tenor de las circunstancias y adaptándose a ellas. Buscaba aliviar al público, hacerle sonreir. Y eso, sin duda, lo ha conseguido. Una serie rodada con tan poco tiempo y bajo estas circunstancias, tan barata, que tuviera una fidelidad de un millón de espectadores en cada capitulo no es una serie que fracasa. Al contrario, creo que es un éxito. No se puede comparar a otras series, porque ni el presupuesto, ni los medios, ni el tiempo de preparación, tienen nada que ver con otros productos. Fuimos pioneros en el modo de hacer (autograbación por los actores en sus propias casas) y en el contenido (hablar de la cuarentena)
 
P. ¿Te molesta que se diga que esta serie se ríe del confinamiento? 
 
R. No me molesta porque es cierto que se ríe de «situaciones cotidianas» que se daban en esta nueva realidad que estábamos viviendo todos. Aporta una mirada divertida sobre esta nueva realidad, y busca aliviar la tensión del drama y el miedo que a todos nos invadía aquellos días. No se ríe de ninguna situación dramática en particular. Aquellos días teníamos los móviles a reventar de vídeos que nos enviaban con situaciones divertidas durante el confinamiento. Me parecía una actitud hipócrita esa crítica que se produjo antes siquiera de ver el producto y entender que la serie no se reía de ningún drama. Ese mismo cuestionamiento lo hacían personas que luego compartían vídeos divertidos que se producían durante la cuarentena. Y por supuesto, jamás ofendimos a nadie ni a ningún drama particular. 
 
P. ¿Qué valores crees que posees para dedicarte a una profesión tan difícil y sacrificada como la actor? 
 
R. Capacidad de trabajo y dedicación. 
 
P. ¿Qué competencias debe tener una persona para dedicarse a tu profesión? 
 
R. Ante todo un talento para comunicar, y capacidad de entender lo que requiere la escena. Sentido común, habilidad técnica, talento comunicativo y capacidad de trabajo. 
 
P. ¿Cómo se te ocurrió la idea de recitar a grandes poetas y canciones de Rosalía o Jesulín de Ubrique en tus redes sociales? 
 
R. Llevaba un tiempo recitando a grandes autores (Benedetti, Machado, Lorca, Hernández, Quevedo, Lope de Vega…). Un amigo actor y director de origen dominicano que reside en Nueva York (Thomas Vilorio), me dijo: «Sí, con esos autores es fácil. Pero, ¿recitarías un reggeaton?». Ahí fue donde me planteé el reto de intentarlo con La Gasolina de Dady Yankee.
 
P. ¿Pensabas que esta iniciativa iba a tener tanto éxito? 
 
R. No, ni por asomo. Colgué el vídeo como un reto divertido, pero no imaginé que iba a alcanzar tal éxito. A partir de ahí quise asumir otros retos actorales y hacer lo mismo con canciones, fórmulas bioquímicas, letras de canciones infantiles o incluso frases de políticos o retransmisiones deportivas. El reto era darle otra dimensión y una vuelta de tuerca a esos textos. 
Economía y cine
P. ¿Cómo surgió la idea de rodar una película tan arriesgada como Sicarivs: La noche y el silencio, junto a Javier Muñoz?
 
R. La idea y el proyecto son suyos. Él escribió el guión. Me hizo una prueba y me eligió para ser el protagonista. Supongo que la idea de la película la tuvo cuando decidió hablar de una realidad de la que no se habla: los mil desparecidos que suelen haber en este país cada año y cuántos de ellos se pueden deber a ejecuciones de sicarios. 
 
P. ¿Hiciste la película que querías hacer o sufriste algún tipo de imposición o contratiempo antes, durante o después del rodaje?
 
R. El resultado está muy por encima de lo que había imaginado. Creo que Javier hizo la película que quería, sin duda. Y el resultado fue algo muy especial y diferente a lo que se suele ver en nuestro cine, con un estilo y una mirada llena de talento. Yo estoy muy satisfecho con la película y creo que él también, sin duda. Ojalá hubiera tenido mayor proyección. Pero creo que es una película que, al igual que le pasa a Tres días, va a quedar como película de culto para una minoría selecta. 
 
P. ¿Qué me puedes contar sobre tu gran trabajo en esta, injustamente, incomprendida película? 
 
R. Me inspiré en Richard Kuklinsky, un asesino en serie que trabajó para la mafia de Nueva York. Abordé el personaje como un tipo carente de empatía. Un psicópata que puede ser el vecino perfecto y que ha convertido su psicopatía en un trabajo que le aporta mucho dinero. Pero incluso en alguien como él, aún hay un lugar para la salvación y para hacer algo bueno. Trabajé previamente desde la sensación de poder que me podría otorgar llevar un arma por la calle sin que nadie lo supiera (un arma imaginaria, claro) y tener el poder de acabar con la vida de cualquier ser molesto en un instante y sin que nadie se percatara de ello. Y por supuesto, quise alejarme del cliché de sicario bruto. El nuestro era un tipo común, un vecino amable, que no llama la atención, que es capaz de pasar inadvertido. Y ahí reside su auténtico poder. 
 
P. ¿Por qué rodar una película en España «cuesta sangre, sudor y sobre todo muchas, muchas, muchas lágrimas»? 
 
R. Porque si no tienes detrás el apoyo de una gran televisión que publicite tu película hasta la saciedad es difícil competir en un mercado en el que la gente no sabe que existes y en el que te obligan además a competir al mismo precio que las grandes producciones americanas, pero sin su maquinaria económica tanto en la producción como en el lanzamiento mediático final del producto. En esas condiciones, el cine independiente está abocado a sufrir mucho por desgracia y a luchar a contra corriente. 
 
Antes las películas tenían un mayor recorrido en salas y por todo el país. Ahora te exigen una buena taquilla el primer fin de semana o te sacan de las salas. Pero, ¿cómo hacer esa taquilla sin una maquinaria de promoción como tienen las grandes producciones? Cuesta sudor, mucho sudor, levantar una película, para que luego aguante en cartel solo dos semanas. Y ahí es donde se producen las lágrimas, por ese esfuerzo en balde. 
 
Yo creo que deberían existir salas de exhibición públicas en las que el precio de entrada fuera menor (ya que el espectador ya ha pagado parte de la producción mediante el sistema de subvenciones o ayudas con sus impuestos), que garantizase la permanencia y, por tanto, el retorno del dinero invertido mediante la recaudación de impuestos de los beneficios de esa película por parte del Estado. Solo así podemos garantizar la rentabilidad de esas películas. También es necesaria una mayor ayuda a la promoción. Pero el sistema de exhibición y promoción no ayuda a que muchas de esas películas amorticen siquiera la inversión. 
 
Una gran oportunidad
P. Has trabajado en cine, teatro y televisión, ¿qué similitudes y diferencias encuentras en los tres medios? 
 
R. El trabajo es el mismo. Se trata de encontrar la verdad del personaje. Cambia la técnica. El teatro exige unas cualidades físicas y vocales que la televisión y el cine no demandan. Pero el cine y la televisión también tienen un lenguaje propio en el que la mirada, lo pequeño, los silencios o lo que no se dice cuentan más que en el teatro. 
 
P. ¿Qué proyectos se te han quedado completamente en el camino o en el olvido?
 
R. ¡Uy! Es muy difícil de decir. Muchos proyectos quedan sin hacerse, pero siempre miro hacia adelante. 
 
P. ¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar con José Luis Garci? 
 
R. Miguel Ángel Muñoz iba a hacer el personaje que interpreté en la película de Garci, pero finalmente no pudo por fechas. Él y Enrique Villén le hablaron a Garci de mí. Jose Luis Garci me convocó en su despacho para entrevistarme. «Me han dicho que eres buen actor. ¿Quieres trabajar conmigo?», fue lo que me preguntó. No necesitó probarme. Supongo que habría visto algo de material mío y una charla le bastó para contratarme. Nunca me había pasado. 
 
P. ¿Cómo conociste al gran José Luis Garci? 
 
R. La primera vez nos vimos en su despacho, en Nickel Odeon, en esa entrevista a la que me convocó. 
 
P. ¿Qué te ha supuesto trabajar con un director tan importante para nuestro cine como José Luis Garci? 
 
R. Un sueño cumplido. Lo admiraba muchísimo como cineasta y por el amor que desprendía y comunicaba por el cine en su programa ¡Qué grande es el cine! Su labor como cineasta y como divulgador es encomiable. Me encantó lo fácil y cómodo que resultaba trabajar con él, lo cercano que era con los actores, lo relajado que resultaba todo… Y me gustó muchísimo cómo da la acción antes de rodar. Él no grita «Cinco y acción», como suele ser habitual, que hace que uno sienta que se lo juega todo. El dice muy tranquilo: «Tómate la acción cuando quieras». Y de esa manera, la vida fluye, no se interrumpe el flujo vital de antes de rodar al momento de la escena. Sencillamente se transita de un estado a otro de un modo natural, sin tensión. Y es así como la vida se cuela en el fotograma. 
 
P. ¿Qué valores y competencias destacarías de José Luis Garci? 
 
R. Es un cineasta único, fiel a su propio estilo, a su manera de entender la vida y el cine, con un sello irrepetible en el que la nostalgia está presente en todos sus trabajos. A veces sus tramas son una excusa para hablar de otras cosas que le interesan a él: de un mundo que ya no está, que se fue, de unas personas que entendían la vida con unos valores diferentes a los de ahora… Por eso creo que se dice que el suyo es un cine sentimental. Y realmente lo es. Su mirada es nostálgica de un pasado que ni siquiera él ha vivido a veces, como es el caso del Madrid galdosiano de Holmes y Watson. Y siempre hay una mirada compasiva y tierna hacia sus personajes. 
 
P. ¿Te decepcionó mucho no haber podido interpretar a Germán Areta en El crack cero? 
 
R. Me habría encantado, claro que sí, Pero no pudo ser por fechas. El rodaje coincidía con tres funciones de la gira de Lehman Trilogy y era imposible dejar la función. 
Tiempos modernos
P. Las salas de cine están hechas a prueba de bomba. Llevan muchas décadas queriéndolas «matar» y se han enfrentado a «enemigos» tan peligrosos y variados cómo la radio, los discos, las crisis económicas, la televisión, el vídeo doméstico o los videojuegos. Ahora son Internet y el streaming quienes las están «amenazando». ¿Qué opinas de las plataformas digitales como Netflix? ¿Cómo crees que será el cine del futuro? 
 
R. Por desgracia, creo que sí. Aunque nada es inigualable al placer de sentarse en una sala a oscuras con cuentos de desconocidos a que le cuenten a uno un cuento. Esa magia de la proyección y el tiempo que se detiene para todos, es incomparable a la experiencia del streaming
 
P. ¿Nos puedes adelantar algo sobre tus futuros proyectos? 
 
R. Acabo de finalizar el rodaje de la serie Ana Tramel, de TVE, protagonizada por Maribel Verdú. Y volveremos con Lehman Trilogy a los Teatros del Canal este otoño. Además, ya mismo se va a estrenar Porvenir, una nueva docuficción sobre el cambio climático. 
 
P. ¿Les puedes mandar un mensaje de agradecimiento a tus seguidores? 
 
R. Muchísimas gracias a todos por el interés en mi trabajo y en mi carrera. No dejéis de consumir teatro, cine y buenas series. 

La voz, una de las principales herramientas de un actor, es, sin duda, una de las características que definen a nuestro personaje de hoy, Víctor Clavijo. Su voz resuena en los escenarios de los teatros y en los platós de cine y televisión, pero su voz humana nos ha dejado en esta entrevista algo de su ser, de su pensar y de sus emociones, de su profesión. ¡Enhorabuena Víctor por lo que nos has dado a los lectores/espectadores… y lo que te queda!

Puedes seguir a Víctor Clavijo en:

Twitter: @VctorClavijo

Instagram: @victor_clavijo_actor

 

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